Galicia – Mi vida antes
Soy de Rubiós. Una aldea pequeña, de las que no aparecen en los mapas turísticos pero que lo contienen todo: el frío de la mañana, el olor a tierra mojada, las voces de los mayores y el tiempo que transcurre despacio.
Mi familia era humilde. No había lujos, pero había algo mejor: había silencio suficiente para pensar.
Después del colegio, mi tarea era llevar las vacas. Y yo llegaba con un libro o una revista debajo del brazo. Aquel era mi momento favorito del día — la hierba, los animales, las páginas. Nadie me interrumpía. Nadie me pedía nada.
No lo sabía entonces, pero ahí estaba naciendo la escritora.
Con catorce años me fui a estudiar a Verín. Con dieciocho emigré a Andorra. Diez años fuera de España, luego Málaga me acogió dos años, y de vuelta a Verín otros diez años más. Y desde agosto de 2018, Benidorm.
He vivido en muchos sitios. Pero cuando cierro los ojos y busco el origen, siempre aparece lo mismo: una aldea, unas vacas, y una niña que leía porque leer era la única forma que tenía de ir más lejos.
Con quince años, en una visita a casa de mis abuelos maternos, cayó en mis manos el Archipiélago Gulag. No era un libro para mi edad. No me importó. Lo devoré. Todavía hoy es mi libro favorito — porque me enseñó que la literatura puede ser un acto de resistencia, un testimonio, una forma de que la verdad sobreviva.
Quizás mis abuelos no sabían lo que estaban poniendo en mis manos. O quizás sí.
Galicia me dio el paisaje, el idioma y la memoria. Me dio los olores de su cocina, que desde la distancia se vuelven más intensos y más queridos. Me dio las historias que nadie contaba en voz alta y las que se susurraban en las noches de invierno alrededor del calor de la lareira.
Galicia es el alma que inspira cada palabra que escribo.
Galicia – Mi vida antes
Rincones que inspiran mis historias y mi alma gallega.
